Municipio:

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Icono Yacimientos 45 Pla de les Figueres

Este yacimiento se encuentra en el archipiélago de Cabrera. Concretamente en la isla más grande, la cual da nombre al conjunto de islas. Tenemos que ir a Cabrera mediante el transporte marítimo que sale de forma diaria desde el puerto de la Colònia Sant Jordi, o con embarcación propia o alquilada.

Una vez llegados al puerto natural de la isla, nos podemos dirigir al yacimiento, que está situado muy cerca del mar, en el Pla de les Figueres.

El monasterio está enmarcado en el conjunto de comunidades religiosas que aparecieron a lo largo de toda la Mediterránea Occidental, al poco de la adopción de la fe cristiana por parte de las autoridades imperiales romanas. Con la caída del Imperio romano de Occidente este monasterio pasó a formar parte del reino Vándalo, igual que el conjunto de las Islas Baleares. Poco tiempo más tarde volvió a la órbita romana, esta vez formando parte del Imperio romano de Oriente, también conocido como Bizantino. Esta comunidad de monjes estuvo en funcionamiento desde el siglo V hasta el final del siglo VII o el inicio del siglo VIII, en que fue abandonado.

De esta comunidad monacal se tienen noticias escritas de principios del siglo VII, en una carta del papa Gregorio Magno, que ordena aplicar medidas correctivas a los monjes.

En la isla, hay una serie de yacimientos como el Clot des Guix, Son Picornell y el Pla de les Figueres. En este es donde habitó la mayor parte de la comunidad de monjes de este yacimiento arqueológico. Y donde las excavaciones han documentado una serie de estructuras productivas y un aposento aislado, de la que no se sabe el uso, situada en un punto elevado y una zona de entierro. En esta se han localizado 5 tumbas individuales de inhumación, de las cuales se han excavado tres, localizándose los pertinentes individuos, todos de sexo masculino. A partir del estudio de los restos humanos se han podido obtener datos de la dieta de los miembros de la comunidad. Esta se caracterizaría per ser rica en proteína animal y moderadamente blanda, como también lo constatan los restos de animales encontrados en el yacimiento. De los cuerpos humanos hay que destacar lesiones provocadas por tareas agrícolas y condiciones ambientales, como lesiones musculares y artrosis.

De los materiales localizados hay que decir que se encuentra todo un conjunto cerámico de mesa, que sería utilizado de forma cotidiana por los monjes. Esta cerámica provenía de varias zonas de producción. Hay que destacar las de tipo norteafricano, donde hay impresa simbología cristiana de diverso tipo. En las mencionadas vasijas cerámicas también se han podido documentar una cincuentena de grafitos, realizados por los monjes, que posiblemente la individualizaban.

También hay elementos decorativos y de uso realizados en diferentes tipos de mármoles, procedentes de diferentes lugares del mediterráneo, tanto de la península ibérica, como de Anatolia, pasando por la famosa isla de los mármoles blancos, Paros, en Grecia. Por lo tanto podemos ver que la comunidad que vivía en este yacimiento arqueológico no restaba aislada del mundo.

Siguiendo con la máxima monacal, ora et labora, se asume que los monjes de Cabrera debían trabajar todas las tierras posibles. También centraron su actividad productiva en la elaboración de vino, la producción de púrpura, empleada como tinte natural, la elaboración de salazones… Estas actividades han sido documentadas a través de analíticas realizadas en un conjunto de estructuras. También hay que mencionar la posible producción de objetos de hierro y vidrio, como así lo constatan un conjunto de escorias, que hacen pensar en la existencia de estos talleres productivos.

Después de su abandono, el monasterio fue ocupado por prisioneros de guerra, en el marco de las Guerras Napoleónicas del s. XIX, hecho que aceleró la transformación y destrucción de los restos monacales.